lunes, 29 de abril de 2013

Hermana.


Si algo le pasara a ella, una parte de mi moriría al instante. No quiero pensar que sería el mundo si ella no estuviera, sin sus risas, sin sus sarcasmos y sus collejas que nunca hacen daño. No es consciente de lo mucho que vale, de lo grande que es. Podría comerse el mundo si quisiera, incluso controlarlo, pero es demasiado buena para eso. Su sonrisa para tormentas, su ímpetu derriba murallas y su fuerza consigue levantar hasta a la persona más desgraciada.  Es inteligente, preciosa y sarcástica como nadie. Tenemos una conexión muy especial, cada una forma gran parte de la otra, nos entendemos con solo mirarnos y nos extrañamos cuando no nos vemos. A veces no nos soportamos pero esto pasa tan pocas veces que es totalmente irrelevante. La quiero muchísimo y ni mi mente ni mi corazón conciben perderla. Ella es mi hermana, compartimos sangre sí, pero no es solo eso. La familia no tiene porque llevarse bien, al fin y al cabo cada persona es un mundo y es muy extraño congeniar con caracteres opuestos al tuyo. Lo nuestro va más allá de la sangre, conectamos psíquicamente. Sin lugar a dudas es y será lo mejor que me ha pasado en la vida. 

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