viernes, 19 de octubre de 2012

Corre. Alejada de todo. La adrenalina invade cada recoveco de su cuerpo. No entiende lo que le pasa, lo único que quiere es correr, sentir como el aire choca contra sus mejillas, como una fuerza interior sale a la luz.  Ahora puede con todo. Sigue, evintando el contacto con lo gente. Tropieza, le duele, se ha hecho daño, pero eso no la detendrá. Seguirá hasta que sus piernas flojeen, hasta que halla sacado toda la rabia acumulada, hasta que ya no lo resista más. Entonces seguramente chillará y volverá a empezar igual que una bateria recargada.

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